
La presencia de niveles elevados de NH3 representa un problema tanto en el interior como en el exterior de las granjas.
En interiores, una concentración elevada y prolongada de amoníaco en el aire deteriora la calidad del ambiente, generando estrés en los animales. Este estrés favorece la aparición de comportamientos no deseados, como la caudofagia, así como trastornos respiratorios, con importantes repercusiones sanitarias y económicas.
En el exterior de las granjas, las emisiones de NH3 representan un contaminante que debe ser reducido para dar cumplimiento de forma responsable a los requisitos legales ambientales vigentes.
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